UN ROSTRO DE MUJER QUE INSPIRA EN TIEMPO DE PANDEMIA

La expansión del coronavirus COVID 19, se ha convertido en un gran reto para la humanidad, pues cambió totalmente la dinámica habitual, generando un escenario de incertidumbre en cada rincón del planeta. Los impactos son incalculables, la gran mayoría de los sectores que movían la actividad económica se detuvieron y si bien eso, también provocó impactos positivos en el medio ambiente, no dejan de preocupar las cifras de personas contagiadas, las muertes reportadas alrededor del mundo y las proyecciones que hacen expertos en torno a los millones de personas que se verán sumidas en la pobreza a causa de esta pandemia.

Ahora bien, frente a un oscuro panorama, la luz de la esperanza sigue viva y se intensifica con el sinnúmero de actos de solidaridad y las historias de vida que surgen en distintos territorios, dando motivos suficientes para llenarse de inspiración y seguir adelante. La historia de Kelly Yonda, una joven mujer, es parte de estos motivos; ella pertenece a la comunidad campesina de Evenezer, localizada en la zona rural del municipio de Florida – Valle del Cauca.

Kelly se encuentra estudiando bachillerato en la modalidad acelerado, proceso que retomó hace un poco más de un año. Sin embargo, después de haber culminado octavo grado en la modalidad tradicional, decidió empezar de nuevo su proceso educativo y volverse compañera de estudio de su hijo Jefferson de 11 años de edad, con quien ahora cursa el grado séptimo en el Instituto Félix Raffan Gómez. “La falta de transporte escolar y la enorme distancia que separa nuestra casa del centro educativo más cercano, puso en riesgo la posibilidad de que mi hijo continuara estudiando”, afirma Kelly.

Así que ella dialogó con su esposo, evidenciaron diferentes alternativas y llegaron a la conclusión que, la educación es lo primero. En ese sentido, para motivar a su hijo decidió retomar sus estudios que había abandonado hace muchos años y caminar junto a él en ese sueño de convertirse en bachilleres. Además, asevera de manera entusiasmada, que una vez sea bachiller, aprovechará las oportunidades de educación superior que ofrece el Servicio Nacional de Aprendizaje – SENA, muchas de las cuales ha perdido por el hecho de no contar aún con ese título académico.

Adicional a lo anterior, Kelly es una lideresa social con amplio reconocimiento en su comunidad. “El hecho de haber participado del diplomado en formación política, ciudadana y ambiental con el IMCA y el CINEP, me ayudó mucho en mi visión personal y amplió mi perspectiva en todo lo que puedo hacer en mi vida, por mi familia y mi comunidad”, asevera con una sonrisa de satisfacción. En las últimas elecciones de autoridades locales y regionales que se dieron en Colombia, Kelly participó como candidata al Concejo de su municipio; si bien no logró ese objetivo de convertirse en concejal, la experiencia le resultó muy valiosa.

Actualmente es la presidenta de una organización que articula a las familias de su comunidad; se trata de la Fundación Agroecológica Campesina Evenezer, organización que durante este periodo de aislamiento provocado por el COVID 19, está trabajando solidariamente para dinamizar la economía del territorio basada en la agricultura y la ganadería, apoyar con alimentos y medicinas a la población de adultos mayores que no tienen ingresos, controlar el acceso de las personas al territorio y realizar acciones de conservación ambiental en el páramo Las Tinajas.

Kelly también lidera un grupo de 9 mujeres de su comunidad, con quienes ha implementado un proyecto de producción de fresas para contribuir en la generación de ingresos y la autonomía económica de las mujeres. Además, como resultado de los aprendizajes y experiencias que ha conocido a través del IMCA, tiene conformados tres grupos autogestionados de ahorro y crédito, proceso que valora de manera positiva porque ha fortalecido el tejido social en su territorio.

Asimismo, junto a su hijo y su esposo, trabajan en su finca en la producción de café, plátano, fríjol, arveja, papa, repollo y ganadería doble propósito. “Agradezco mucho el apoyo y acompañamiento que nos ha brindado el IMCA, muchos de los procesos comunitarios son resultado de ello. A nivel familiar, vamos haciendo realidad poco a poco nuestros sueños y fortaleciendo los proyectos productivos; por ejemplo, las tres novillas que nos facilitó el IMCA como capital semilla, ya se encuentran preñadas y en pocos meses estaremos produciendo leche y queso”, afirma Kelly, esa joven mujer que hace un par de años llegó tímidamente con su esposo a una clase de diplomado a la sede del IMCA, y que hoy es motivo de orgullo para su familia y su comunidad por el tipo de liderazgo que representa y que ha estado a la altura en tiempos de pandemia.

Redacción

Pedro Antonio Ojeda Pinta

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