Migrantes forzados en la Amazonía: Una selva que refugia

Esto solo es una muestra del patio trasero de la Amazonía. Foto cortesía de Fernando López S.J

14 junio 2012- Que está en un grave peligro. Que la están desforestando sin parar. Que están desplazando a sus comunidades. Amazonía: Lugar de grandes riquezas e intereses de corporaciones transnacionales. Que durante los últimos años también se ha convertido en una selva que refugia a cientos de personas que huyen de la guerra, el hambre, los desastres naturales y de Estados completamente desestabilizados.

Todo esto se puede resumir en un tríptico fatal protagonizado por los megaproyectos, el impacto medioambiental y los desplazamientos humanos.

Los jesuitas trabajan en esta región desde 1995 con el deseo de aumentar y mejorar su presencia, tomando en cuenta las características culturales, los desafíos pastorales y sociales específicos, y la importancia que la Amazonía asume cada vez más en el escenario internacional.

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Provincial de la Amazonía Adelson Araújo Dos Santos
Fuente: Cpal

Adelson Araújo es Provincial jesuita de la Amazonía desde julio de 2011. Recientemente participó en la Conferencia de Provinciales Jesuitas de América Latina (CPAL) realizada en Caracas (Venezuela); y conversó con el Servicio Jesuita a Refugiados Latinoamérica y El Caribe sobre las distintas dinámicas que se dan en este pulmón del planeta.

Y es que la Amazonía no escapa de la problemática de la migración forzada. Araújo cuenta que una de las cosas que podría ayudar a entender la presencia de migrantes forzados es que la frontera de Brasil es inmensa y hasta hace algunos meses no existía tanto control.

Aunado a esto detecta que la política de otros países amazónicos ha sido más cerrada respecto a dejar o no dejar entrara estas personas.

Recordemos que hace algunos meses el SJR LAC alertaba sobre la presencia de cientos de haitianos que se habían quedado varados en Tabatinga (Brasil). Y que el posterior cierre de la frontera había dejado a otros del lado peruano. Finalmente esta situación cambió, ya muchos haitianos pudieron llegar a la ciudad de Manaos (Brasil), y las fronteras fueron cerradas. Ahora, los haitianos que deseen migrar a Brasil deberán solicitar una visa en la embajada de este país en Haití.

Para atender a los haitianos en Manaos, más de 4.600, los jesuitas crearon el Servicio Voluntario Pro-Haití, que se encarga de brindar servicios de traducción, asesora a los haitianos para conseguir empleo, arreglar documentos, hacer cursos; y les ofrece un espacio para que alguien los escuche en su mismo idioma.

Fronteras de Brasil

Brasil tiene tres fronteras en donde la situación es realmente crítica: Frontera de Brasil (Bomfim) con Guyana y Venezuela; frontera de Brasil (Tabatinga) con Colombia (Leticia) y Perú (Santa Rosa); y frontera de Brasil (Acre) con Bolivia y Perú.

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Triple frontera: Tabatinga (Brasil), Leticia (Colombia), Santa Rosa (Perú)

Por ejemplo, el Provincial comenta que en Tabatinga la población más pobre es la peruana: “No consiguen empleo, viven vendiendo por las calles pequeñas cositas, hay toda una población indígena que viene también. Además de ellos hay muchas familias colombianas que vienen huyendo de la violencia, los desplazados”. Es importante destacar que estos colombianos una vez que entran en Brasil ya serían refugiados de facto.

Pareciera que la Amazonía brasilera, que tiene muchos problemas, está en mejor condición con respecto a la región peruana, porque estos ciudadanos huyen principalmente por el hambre.

A la pregunta de si el Gobierno brasileño ha brindado ayuda o no, la respuesta es evidente. Los peruanos y colombianos están en Tabatinga desde hace mucho tiempo, y logran pasar “desapercibidos” porque van entrando poco a poco. Además muchos aprenden portugués o portuñol en poco tiempo, y el fenotipo es muy parecido a los habitantes brasileños de la zona, que también son de origen indígena.

Situación contraria es la de los haitianos que son grupos que llaman más la atención, porque racialmente son distintos: los rasgos, el color de piel, la lengua, su cultura, y porque no provienen de un país que haga frontera con Brasil.

Araújo destaca que sería muy importante que, por ejemplo, la Compañía de Jesús, hiciera algo más concreto en estas fronteras respecto a las poblaciones migrantes que ya están presentes.

Ya en la frontera Brasil-Guyana-Venezuela,  los jesuitas tienen una comunidad del lado brasileño en Bomfim, que limita con Guyana; y otra comunidad con dos jesuitas de la región de Guyana.

Pero en las otras dos fronteras, que son precisamente por donde ingresaron los haitianos, solo existe un núcleo del Equipo Itinerante, con cuatro personas, pero ellos no tienen un trabajo dirigido a los inmigrantes.

Y del lado de Brasil-Bolivia-Perú, en el estado brasileño de Acre, no hay presencia de la Iglesia. “Ni siquiera un sacerdote en esta frontera, el obispo lo ofreció a nosotros más de una vez pero somos pocos”, agrega Araújo.

El Provincial muestra algunas opciones: “Hablando como jesuita de la Amazonía, está muy claro que esto debería ser una de las prioridades apostólicas, lo que pasa es que nosotros somos muy conscientes de que nosotros solitos no podemos hacer mucho porque no somos más de 30 jesuitas en toda la Amazonía brasilera. Pero podríamos empezar a pensar juntos, los jesuitas de Brasil, de Perú, de Colombia, de Bolivia, de Venezuela, en hacer proyectos comunes, todos mirando la frontera; porque también la Compañía no tiene casi nada del lado colombiano, del lado peruano…”

Un fuego que enciende otros fuegos

Lo cierto es que cuando llega la Compañía de Jesús o un jesuita a una región otros se interesan en mirar: congregaciones, personas que se ofrecen como voluntarios, incluso otras organizaciones. Araújo comparte: “cuando abrimos la oficina en Manaos para trabajar con los haitianos de pronto llegaron Médicos Sin Fronteras y Cruz Roja para ver cómo podíamos hacer algo en conjunto. Entonces sería un motivo muy importante para atraer la presencia”.

Pero sigue faltando la mirada de los gobernantes, ellos también deben fijar sus ojos en la problemática y actuar. Araújo dice que “a veces la acción de algunos órganos del Gobierno federal es buena, pero el problema está más en los gobiernos locales que están en la Amazonía, que son las Alcaldías, los Departamentos, porque ahí son mucho más vulnerables a ceder a las presiones, a la corrupción, a tener personas que no son nada comprometidas con el pueblo, con la naturaleza, y que tienen solo intereses personales o son portavoces de intereses de fuera de la región”.

La Amazonía no puede seguir siendo una bodega de donde se extraen recursos, no puede seguir siendo el pedazo de territorio masacrado por transnacionales que llegan con sus políticas y por los Gobiernos interesados nada más en el dinero. Ahí hay vida: naturaleza y personas.

Temas ligados a la defensa del medio ambiente, presencia indígena, migrantes forzados, fronteras, biopiratería por la biodiversidad; todo eso converge en una Amazonía donde quienes realmente están abandonadas son las personas y su casa, la selva amenazada que refugia.

Minerva Vitti

Comunicación Servicio Jesuita a Refugiados Latinoamérica y El Caribe

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