HISTORIAS Y EMPRENDIMIENTOS QUE TRANSFORMAN VIDAS

Cuando la conocí, jamás se me pasó por la mente que llegaría el día de contar parte de su historia de vida a través de una narrativa, así como lo haré en las siguientes líneas. Quizá soy un tanto atrevido, pero en este caso, vale la pena atreverse, no sin antes expresarle a ella mi admiración profunda por su carisma, sus ideas, su emprendimiento y otras tantas características que la hacen una mujer “berraca” (1).

En la tarde del 17 de julio de 2020, nos encontramos en el lugar de nuestra cita, la sede del Instituto Mayor Campesino – IMCA, un escenario e institución que hace parte de esta historia de vida, la historia de Karem Lizeth Bejarano. Karem es una joven campesina, nacida en el departamento del Tolima; sin embargo, resalta que su identidad y su amor es con el Valle del Cauca, pues en este territorio habita toda su familia, precisamente en la zona rural del municipio de Guadalajara de Buga.

Creció en Alaska, una vereda con un episodio muy triste, fruto del conflicto armado colombiano y perpetrado por un grupo de paramilitares que la tarde del 10 de octubre de 2001, asesinó a sangre fría a 24 campesinos. En este hecho tan lamentable, Karem perdió a un tío y un primo; además, su familia se vio obligada a desplazarse hacia la ciudad de Cali, desde donde retornaron 5 años después con la esperanza de reconstruir lo que la guerra les había arrebatado.

En el año 2012, Karem se graduó del Colegio Agropecuario de Alaska, e inició sus estudios de educación superior en el SENA, una institución de carácter público donde cursó la “Tecnología en Control Ambiental”, proceso que culminó satisfactoriamente en 2015. Luego, aprovechó una oportunidad laboral y se vinculó a la empresa COLECTA S.A.S., encargada del manejo y disposición final de residuos sólidos, específicamente empaques de plaguicidas usados en actividades agropecuarias en las áreas rurales de los departamentos de Huila, Cauca y Tolima. Esa labor fue gratificante para ella porque le permitió entrar en contacto con los gobiernos locales, organizaciones campesinas e indígenas, líderes y lideresas rurales, con quienes gestionaba la parte logística de la recolección. Valora enormemente ese aporte que hizo a través de charlas educativas y acciones orientadas hacia la descontaminación de las zonas rurales, liberando de aquellos desechos tan peligrosos, que según cuenta, habían causado la muerte de niños y niñas campesinas.

Unos meses más tarde, sintió que el amor a la tierra y a la familia le halaban fuertemente, así que retornó de nuevo al Valle del Cauca; llegó a la vereda donde creció e intentó encontrar un empleo y en este camino no tuvo suerte. Por esas causalidades de la vida conoció al IMCA y a principios del año 2017, se vinculó a un diplomado en Participación Ciudadana para la Construcción de Paz; en ese proceso aprendió sobre las juntas de acción comunal y planeación territorial, conocimientos teóricos que se conjugaban con un trabajo práctico en las comunidades.

Luego, en noviembre de 2017, decidió participar de otro diplomado ofertado por el IMCA, CINEP y JRS (2), esta vez en Formación Política, Ciudadana y Ambiental, desarrollado en el marco de un proyecto destinado para jóvenes rurales de varias regiones del país. En sus palabras expresa con agradecimiento “Fue muy valiosa la experiencia porque el proceso de formación se hizo de una manera integral, fomentando nuestro rol de jóvenes como líderes sociales. Aquí encontré la posibilidad de colocar al servicio de mi comunidad los conocimientos, las herramientas y las metodologías, que me sirvieron para fortalecer el empoderamiento hacia el territorio (…), fue muy bonito haber conocido otros jóvenes rurales del Valle del Cauca, con quienes compartimos experiencias, visiones y sueños”.

Gracias a este proyecto para jóvenes, tuvo la oportunidad de presentar una propuesta de emprendimiento para ser apoyada con capital semilla y entonces, ese sueño de tener un vivero forestal para la propagación de especies nativas comenzó a configurarse. A través de su iniciativa quería recuperar y sembrar especies de árboles que se encuentran en vía de extinción; además, había vislumbrado como una oportunidad la posibilidad de articularse a programas de reforestación y así aportar en la conservación ambiental de la cuenca del río Guadalajara. Pero su emprendimiento comenzó a tener dificultades y la iniciativa parecía menguar, los meses pasaron y los árboles seguían creciendo. Cuando tuvo la oportunidad de cerrar un negocio, resultó que, para el cliente los árboles estaban demasiado grandes y el precio no era asequible.

Por ese entonces, desde el IMCA, el nombre de Karem Bejarano fue postulado para una convocatoria que realizó el Gobierno a través de la Consejería Presidencial para la Juventud- Colombia Joven y otras entidades de orden nacional. Esta convocatoria estaba orientada a seleccionar a la representación del país en el IV Encuentro de Jóvenes de la Alianza del Pacífico; así que a través de su experiencia en emprendimiento y con el acompañamiento de profesionales del IMCA, entre ellos el suscrito, fue superando las diferentes fases de selección de un grupo de más de 1500 candidatos. Al final del proceso, Karem ganó uno de los cupos, siendo parte de un grupo de 48 jóvenes que, en representación del país, viajaron a ciudad de México a participar de tan importante evento.

Durante esta experiencia, Karem recuerda con agrado que conoció muchos otros emprendimientos y con diferentes énfasis, lo cual le ayudó a generar una oportunidad innovadora para su emprendimiento. Así que la inspiración llegó y configuró una estrategia para vender los árboles que tenía a disposición en su vivero y sembrarlos en la cuenca del río Guadalajara, uno de los principales ríos del Valle del Cauca; su campaña “Sembrando vida, apadrina un árbol nativo”, inició con sus amistades más cercanas, la llevó luego a redes sociales, hasta llegar a ser visibilizada en el periódico local y en una emisora regional.

Su meta fue ofertar y plantar 400 árboles de diferentes especies nativas, pero su campaña tuvo eco en más de 500 personas, quienes apadrinaron los árboles que fueron sembrados el mes de octubre de 2019. Recuerdo ese día, más de 150 personas nos dimos cita a la jornada de siembra (niños, niñas, jóvenes, adultos y adultos mayores); el resto de padrinos vinculados desde otras regiones del país, así como de Estados Unidos, México, Chile y España, participaron desde la distancia. Esta jornada de siembra contó con el apoyo de la junta de acción comunal de La Magdalena, el Acueducto Comunitario Pihamabris, el Cuerpo de Bomberos Voluntarios, la parroquia de La Habana, el IMCA y algunos microempresarios de Buga.

No se trató de una actividad de siembra de árboles nada más, Karem ha asumido la responsabilidad de hacer el mantenimiento y seguimiento a los árboles que crecen sin premura. Cada tres meses, junto a su padre y su novio, realiza acciones de poda y fertilización, las cuales evidencia a través de redes sociales para que todas las personas que se sumaron a la campaña, verifiquen como crecen de sanos sus ahijados y el bien que en términos ambientales están aportando. Espero que esta estrategia se mantenga y se fortalezca cada vez más”, asevera con ilusión; en ese sentido, ya tiene en marcha una nueva campaña –Sembrando Vida– que tendrá auge durante el segundo semestre de 2020, a la cual espera que se sumen muchas más personas, organizaciones e instituciones.

https://www.facebook.com/sembrandovidabuga/

https://www.instagram.com/sembrando.vida.kb/?hl=es-la

Aquí no para esta esta historia, tiene un episodio más. Recuerdo que, a finales del mes de enero del presente año y conocedor de sus capacidades, invité a Karem para que participara de la convocatoria Premio a la Innovación Juvenil Rural de América Latina y el Caribe. Así que ella aceptó esta invitación e inició el proceso; Karem tuvo que hacer videos, elaborar el modelo de negocio y hacer una propuesta de su emprendimiento en perspectiva de cinco años. El resultado de ese caminar llegó el pasado 1 de julio, donde a través de un correo electrónico, le comunicaron que era parte de las 16 propuestas finalistas, las que habían sido rigurosamente seleccionadas entre las casi 600 que se habían presentado procedentes de 18 países.

Este hecho era todo un logro; aun así, faltaba una fase más, la premiación de las propuestas ganadoras. En ese orden de ideas, el lunes 6 de julio, en una ceremonia virtual, Karem se hizo acreedora a una de las 9 categorías seleccionadas. Su premio fue logrado en la categoría de Acción Climática, un gran mérito para el país, el cual compartió junto a otro colombiano que, en la categoría de Inclusión Financiera, lograron ser parte del podio. Karem está muy feliz y no es para menos, con gran ilusión espera lo que este premio le va a otorgar, por ejemplo, un programa de tutoría con la Universidad EAN denominado “Escuela Internacional de Verano: Emprendimientos Rurales”, el acceso a plataformas internacionales, visibilización en diferentes medios, intercambios internacionales a nivel latinoamericano para conocer experiencias y seguir capacitándose, entre ellos se encuentra un viaje a Brasil.

“Estas experiencias para mí son fruto de la dedicación, del empeño que le pongo a mis propósitos, y la importancia para volver una idea en algo concreto. La verdad, llevar a cabo un emprendimiento y además sostenerlo, es muy complicado y reta mucho a estar en constante reinvención; pero también, es una realidad que de las dificultades surgen ideas que son innovadoras, y la campaña de apadrina un árbol para mí resultó ser una gran oportunidad. Las redes sociales han sido claves en este proceso y por eso se deben aprovechar estos espacios para visibilizar y no dejar pasar por alto ninguna de las posibilidades que ofrecen”, afirma Karem Bejarano, una joven campesina que seguramente seguirá aportando acciones innovadoras de gran impacto. De mi parte, le deseo muchos éxitos a Karem en su porvenir; gracias por abrir su corazón y permitirme escribir estas líneas que hacen parte de su historia de vida.

Redacción

Pedro Antonio Ojeda Pinta

  1. Berraquera (con b no con v), entre nosotros, significa aproximadamente: cualidad de persona decidida, de carácter, valiente, corajuda, audaz, tesonera, que nada la detiene, dispuesta a afrontar las dificultades y capaz de grandes tareas. Es un término propio de la cultura colombiana.
  2. Instituto Mayor Campesino – IMCA, Centro de Investigación y Educación Popular – CINEP, Servicio Jesuita a Refugiados – JRS, son centros sociales que hacen parte de la Compañía de Jesús.

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